Mientras ICE detiene a personas en las calles y separa familias, nuestras comunidades enfrentan una decisión: mirar sin hacer nada o actuar.
Para muchas personas que nunca han participado en organización comunitaria, enfrentar algo tan grande y violento como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) puede sentirse abrumador. Eso no es un accidente. ICE se fortalece con el miedo y la confusión. Mientras más personas dudan de sí mismas, por miedo a equivocarse, decir algo incorrecto o quedarse solas, menos personas hay para proteger a quienes están en riesgo.
Pero la historia nos enseña algo importante: no tienes que saberlo todo para hacer algo.
La verdad es que las familias inmigrantes de tu comunidad no pueden esperar a que te sientas perfectamente preparado para ayudar. El fascismo no necesita tu apoyo, solo tu silencio. Crece cuando la gente común acepta la crueldad como algo normal o inevitable. Pero así como este país tiene una larga historia de racismo y xenofobia, también tiene una larga historia de solidaridad y resistencia para luchar contra ello.
Durante la desegregación escolar en los años 60, aliados blancos en ciudades como New Orleans y Little Rock acompañaron físicamente a niñas y niños de color a través de multitudes agresivas y de policías hostiles, ayudándoles a entrar a escuelas recién integradas. No eran expertos; eran vecinos que se negaron a dejar que los niños enfrentaran el peligro solos. Su acción colectiva contra la discriminación hizo posible el progreso y sentó las bases de un cambio duradero.
Este espíritu se ha repetido muchas veces: cuando trabajadores agrícolas organizaron huelgas y boicots masivos en los años 60 y 70 para exigir mejores salarios y condiciones humanas; cuando activistas LGBTQ+ y aliados se levantaron durante Stonewall en 1969, dando inicio a un movimiento nacional de las personas queer; cuando comunidades protestaron en aeropuertos durante la prohibición musulmana de Trump en 2017; y en las marchas, redes de apoyo mutuo y luchas legales actuales por los derechos trans.
El poder del pueblo siempre ha sido el antídoto contra la injusticia y parte de esta sencilla verdad: una presencia imperfecta siempre será más poderosa que la idea, impulsada por el miedo, de que otra persona lo hará mejor.
Hoy, ante redadas de ICE y un aumento de la retórica antiinmigrante, ese mismo espíritu está regresando. En ciudades de todo el país,miembros de la comunidad están organizando “camino escolar” para acompañar a los niños a la escuela sin miedo, realizando controles de seguridad en el vecindario y colaborando con los educadores para convertir las escuelas en santuarios, no solo de nombre, sino también en la práctica.
Para hacer posible este tipo de acción a gran escala, Community Change Action y sus aliados de Moms Rising, SEIU, AFT, MoveOn, NEA y la National Domestic Workers Alliance lanzaron la iniciativa Kids Belong in Classrooms (Los niños pertenecen en las aulas en inglés), junto con una guía nacional para organizarse desde donde estén. No importa si eres un organizador con experiencia o si es tu primera acción en solidaridad; este es un camino para hacer tu parte.
El poder de un paso
No necesitas un título en derecho ni años de experiencia para comenzar. Puedes empezar imprimiendo y repartiendo tarjetas rojas de “Conozca Sus Derechos” durante la llegada a la escuela, creando un grupo de Signal con tus vecinos para coordinar apoyo, o simplemente contactando a tu director escolar o a una organización de derechos de inmigrantes para preguntar: “¿En qué puedo ayudar?” Pequeñas acciones, mostrarte, compartir información, vigilar, pueden marcar una gran diferencia para mantener a las familias seguras.
La guía ofrece formas prácticas y accesibles para participar: desde organizar una reunión informativa con café hasta buscar apoyo de negocios locales para crear espacios seguros. Al crear conexiones, esas acciones pequeñas se convierten en la base de la protección comunitaria.
“No importa si tu decisión es grande o pequeña; puede tener impacto”, dice Kayanna Jackson Augustine, educadora y organizadora en Nueva Jersey que apoya la campaña en su comunidad preescolar. “Podemos traer a personas con ideas similares para cambiar las políticas que nos afectan. No pierdas la esperanza. Sigue adelante. Siempre hay luz al final del túnel.”
Sus palabras reflejan una verdad del trabajo comunitario: acciones individuales, realizadas de manera constante y en comunidad, pueden mover lo que parece imposible.
Mantener la puerta abierta: el ejemplo de la subdirectora Penny Britt
El reportaje de NewsOne demuestra esta verdad. En Capital City High School, en Trenton, Nueva Jersey, la subdirectora Penny Britt, una mujer de color que trabaja con una mayoría de estudiantes latines, muestra lo que significa convertir una escuela en santuario.
Cada mañana, Britt saluda a los estudiantes en inglés y en español: “Good morning, Beautiful. Hola, señor.” Su presencia no solo es acogedora; es protectora. En una ciudad donde las redadas de ICE han hecho que algunas familias tengan miedo de salir de sus casas, su liderazgo es un acto diario de resistencia.
Ella sabe que sus estudiantes cargan más que mochilas. Cargan el peso del miedo a la deportación, refrigeradores vacíos, fechas de corte y la posibilidad real de que un padre no esté en casa después de la escuela.
“Cuando [ICE] detiene a un padre, los niños dejan de venir a la escuela”, explica Yadira Meléndez, secretaria bilingüe. “A veces, solo necesitan que alguien los escuche. Los trato como si fueran mis hijos.”
Ese cuidado va más allá del apoyo emocional. Britt ayudó a crear despensas de comida y ropa en la escuela y a lanzar un programa para apoyar la asistencia escolar. Su modelo no se basa en tener todas las respuestas, sino en llenar las necesidades donde puede.
Comienza donde estás
La Guía de Kids Belong in Classrooms refleja lo que líderes como Britt y Kayanna enseñan: No esperes ser perfecto; empieza por presentarte.
¿Quieres ayudar pero no sabes cómo? La guía sugiere:
- Imprimir y compartir tarjetas rojas para afirmar derechos durante encuentros con ICE
- Unirse o iniciar un “camino escolar” para acompañar a niños de forma segura hasta la escuela
- Colaborar con tu escuela para crear planes de emergencia relacionados con ICE
- Celebrar la alegría inmigrante con eventos culturales y donaciones a la biblioteca escolar
- Organizar equipos de apoyo para familias afectadas por detenciones desde comida, asesoría, salud mental
- Hablar con la junta escolar sobre ser una “Zona Segura”
No hay una sola manera correcta de ayudar. Lo que importa es pasar del miedo a la acción y saber que no tienes que hacerlo solo.
“Tengo el poder de educar a quienes me rodean”, dice Kayanna. “Podemos actuar de manera solidaria para crear estrategias a largo plazo y adoptar un enfoque no violento para generar el poder que impulse las políticas.”
En todo el país, maestras, padres y personas comunes están actuando para mantener a los niños en las escuelas y a las familias unidas. El miedo es real, pero también lo es el poder de la comunidad.